|
|
 |
 |
 |
 |
 |
 |
 |
(Oct. 02) Fraudes en la ciencia JOSÉ AGUILAR PERIS. Profesor Emérito de las Universidades Complutense y San Pablo - CEU de Madrid |
 |
 |
 |
|
 |
 |
 |
 |
 |

Hoy los fraudes en las finanzas, en las transacciones comerciales, en la elaboración de productos (por ej. el aceite de colza), etc., surgen constantemente y son perseguidos por la ley. Menos conocidos y más sorprendentes son los fraudes que afectan a los medios científicos, pues en general, la ciencia se considera más desinteresada en lo económico y resulta más difícil dudar de la rectitud y la ética de un científico.
Sin embargo, los científicos también son humanos y, a veces, por satisfacer convicciones ideológicas, políticas, religiosas o ambiciones de prestigio, de ascenso de categoría, obtención de premios, etc., han realizado engaños, falsificaciones, apropiación ilícita o plagio de resultados de otros científicos, etc. En este artículo mencionaremos sólo algunos fraudes que en su momento fueron espectaculares.
El caso del hombre de Piltdown
En 1912, en el yacimiento prehistórico de Piltdown (Reino Unido) se descubrió un cráneo de gran volumen cerebral y una mandíbula de aspecto simiesco que se atribuyeron a la Edad de piedra. Sus descubridores, C. Dawson y A. Smith, de la Sociedad Geológica de Londres, lo anunciaron con entusiasmo. El hallazgo tenía todas las características del "eslabón perdido", criatura intermedia entre el hombre y el mono. Fue expuesto en el British Museum hasta que en 1953, un estudio más completo demostró que se trataba de una falsificación: el cráneo era el de un hombre del siglo XIX y la mandíbula pertenecía a un orangután de la misma época. Ambas piezas habían sido convenientemente limadas para que encajaran entre sí. El descubrimiento del fraude produjo un escándalo inmenso e incluso el parlamento británico propuso una moción de censura al British Museum. Nunca se descubrió al autor del fraude. Primero se sospechó de alguien que quiso burlarse de los descubridores. Más tarde de alguien que defendía la teoría de la evolución del cerebro como detonante de la evolución del resto del cuerpo. Pero habían transcurrido demasiados años. La verdad es que fue uno de los fraudes más espectaculares y jocosos de la historia de la paleontología.
El caso de los gemelos iguales (homozigóticos)
En 1961, un famoso psicólogo inglés, Sir Cyril Burt, partidario de la transmisión por herencia de la inteligencia humana, publicó un trabajo basado en el estudio de los gemelos homozigóticos (nacidos en el mismo parto por bipartición de un solo embrión), que por alguna razón habían sido separados en su niñez y educados por familias de ambiente social muy distinto. Según Burt, si los cocientes de inteligencia (C.I.) de estos gemelos eran semejantes, a pesar de la educación distinta recibida, se debía al carácter hereditario de la inteligencia. Todos los trabajos publicados por Burt apuntaban en este sentido. Sin embargo, poco después de la muerte de Burt (1971) un psicólogo norteamericano, Leo Kamin, declaró que Burt había fabricado "a su gusto" los datos publicados. Además se demostró que las dos colaboradoras citadas por Burt como encargadas de visitar a los gemelos y preparar los informes, no existieron nunca, sólo en la imaginación de Burt. También se puso de manifiesto que los cálculos de Burt estaban amañados. El coeficiente de correlación de los C.I. estudiados era exactamente el mismo con tres decimales idénticos en todos los grupos de gemelos tratados en intervalos de tiempo muy espaciados, lo cual resultaba sospechoso. Según el criterio de los psicólogos de la época, Burt poseía una naturaleza paranoica, que le llevó a anteponer sus ideas a un resultado objetivo.
El nazismo y la ciencia judía
Para los nazis (entre los años 1933-1940) existía una "ciencia judía" inferior a la "ciencia aria". Dos grandes defensores de la física germánica fueron P. Lenard (Premio Nobel de Física en 1905) y J. Stark (Premio Nobel de Física en 1919), quienes afirmaban en sus publicaciones que los judíos habían corrompido la ciencia aria durante los primeros decenios del siglo XX. En 1933 Hitler accedió al poder y promulgó una ley que prohibía a los judíos ser funcionarios en Alemania. En la Universidad, esta medida alcanzó a numerosos profesores (sólo en Götingen, 14), entre los que se encontraban científicos tan prestigiosos como Einstein, Schrödinger, Haber, Minkowsky, Bohr, Born, etc. En especial, se prohibió que la teoría de la relatividad de Einstein se enseñara en las universidades alemanas por tratarse de "un fraude judío" y sus libros se quemaron públicamente. Muchos de los científicos expulsados se refugiaron en Estados Unidos y formaron parte de los equipos que desarrollaron la bomba atómica, con la cual se puso fin a la II Guerra Mundial.
El caso de la fusión fría
En 1989 una noticia estremeció al mundo científico. Dos electroquímicos, M. Fleischman (R.U.) y M.S. Pons (EE.UU) anunciaron que habían descubierto la llamada "fusión nuclear fría" en la Universidad de Utah (EE.UU.). Según ellos, habían conseguido en un pequeño laboratorio la fusión de núcleos de deuterio y el correspondiente desprendimiento de energía por electrólisis de agua pesada a la temperatura ambiente. Una pila de 12 voltios, una cuba electrolítica, agua pesada como materia prima y dos electrodos eran el material necesario. En el ánodo de platino se desprendía oxígeno y en el cátodo de paladio se absorbía el deuterio en grandes cantidades (hasta mil veces el volumen del paladio), lo que producía la fusión nuclear sin la necesidad de las elevadísimas temperaturas (muchos millones de grados) que tienen lugar en el Sol y en los grandes reactores de fusión, tipo "Tokamak" como el JET (Joint European Torus) de Culham (80 km al norte de Londres), donde colaboran investigadores de catorce países europeos con un costo anual de 14 millones de dólares y unas perspectivas de conseguir una fusión nuclear productiva a muy largo plazo. La "fusión nuclear fría" parecía increíble, pero en pocas semanas, científicos de todo el mundo (entre ellos España) confirmaron variantes del invento. Al cabo de pocos meses nuevas experiencias realizadas con mayor sosiego comprobaron la falsedad del descubrimiento. ¿Fue una alucinación colectiva? ¿un fraude? En todo caso, fue un "jarro de fusión fría". |
 |
 |
 |
     |
 |
|
 |
|
 |
|